De nombre Teresa

De Nombre…TERESA      El perfil de una santa

Luisa Villalba

2015 ha protagonizado el V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, con un extenso abanico de actividades y eventos, para dar el justo  homenaje a la santa más castiza y castellana que ha visto nuestra tierra.

La hemos estudiado como: Reformadora, Escritora, Doctora y Santa. Sin embargo, lejos de perderme o reiterarme en lo mucho que se ha dicho sobre ella; yo me quedo con la mujer, con Teresa, y a través de sus rasgos, analizar su personalidad..

Pero para empezar, creo oportuno mencionar algunas de las famosas frases célebres que ella misma dejó escritas y algunas observaciones de expertos que la han estudiado, como el doctor en Teología Máximo Herraiz.

Es Teresa de Jesús probablemente la primera mujer feminista de la Iglesia Católica, ya que defendió siempre su dignidad como mujer

Acusó a los sacerdotes de "malos cristianos" y "negros devotos" que "destruyen los conventos femeninos" por prohibir libros a las mujeres. Santa Teresa no quería que ningún hombre ejerciera de superior en los conventos. "En nuestras cosas no hay que dar parte a los frailes”.  "y aunque las mujeres no somos buenas para consejo, alguna vez acertamos"

No se paró ni ante la Inquisición", y se enfrentó a los arzobispos de Toledo y de Burgos.

Deseaba que las monjas fueran independientes y autónomas, lo que supuso una auténtica revolución.

El obispo de Segovia Ángel Rubio Castro define a Teresa como prototipo femenino y de plena actualidad. De creatividad insospechada, culta, profundamente religiosa, cabal, dotada de talento, energía, tenaz, y austera; que supo aceptar los condicionamientos sin drama ni tragedia. Porque se  conocía a sí misma y fue consciente de sus propias debilidades y a la vez hacerlas su fortaleza.

Comenzamos leyendo el texto que, sobre la fisonomía de Teresa de Jesús, escribió el teólogo Francisco de Ribera, allá por 1590:

“Era de muy buena estatura, y en su mocedad hermosa, y aun después de vieja parecía harto bien: el cuerpo abultado y muy blanco, el rostro redondo y lleno, de buen tamaño y proporción; la tez color blanca y encarnada, y cuando estaba en oración se le encendía y se ponía hermosísima, todo él limpio y apacible; el cabello, negro y crespo, y frente ancha, igual y hermosa; las cejas de un color rubio que tiraba algo a negro, grandes y algo gruesas, no muy en arco, sino algo llanas; los ojos negros y redondos y un poco carnosos; no grandes, pero muy bien puestos, vivos y graciosos, que en riéndose se reían todos y mostraban alegría, y por otra parte muy graves, cuando ella quería mostrar en el rostro gravedad; la nariz pequeña y no muy levantada de en medio, tenía la punta redonda y un poco inclinada para abajo; las ventanas de ella arqueadas y pequeñas; la boca ni grande ni pequeña; el labio de arriba delgado y derecho; y el de abajo grueso y un poco caído, de muy buena gracia y color; los dientes muy buenos; la barba bien hecha; las orejas ni chicas ni grandes; la garganta ancha y no alta, sino antes metida un poco; las manos pequeñas y muy lindas. En la cara tenía tres lunares pequeños al lado izquierdo, que le daban mucha gracia, uno más abajo de la mitad de la nariz, otro entre la nariz y la boca, y el tercero debajo de la boca. Toda junta parecía muy bien y de muy buen aire en el andar, y era tan amable y apacible, que a todas las personas que la miraban comúnmente aplacía mucho.”

Este es sin duda, el retrato de Teresa, mejor descrito de la historia.

Una descripción que antes que él  la hizo en óleo el fraile Juan de Miseria en 1576, por orden del padre Gracián en persona, para las Carmelitas Descalzas de San José del Carmen de Sevilla. Siendo el único retrato verdadero; aunque a ella no le gustara al parecer, y aquí escribo la famosa frase que todos conocemos; que según una leyenda no demostrada, tras posar Teresa para el artista, esta le dio su opinión diciendo:

“Dios te perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste, podías haberme sacado menos fea y legañosa”.

Teresa contaba entonces con 61 años

Fuera de creernos o no, que sea el verdadero rostro de Teresa, este es el retrato que ha llegado hasta nosotros; del que se hicieron réplicas para todos sus conventos, y se fueron añadiendo elementos que en el original no existían. Como la paloma, las manos rezando o la filacteria con las palabras:

“…misericordias domini in aeternum cantabo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor” La Biblia. (Salmo 88)

Mirando detenidamente el retrato; cierto que nos encontramos con una cara amplia de ojos redondos, cejas rectas y pobladas, nariz firme y boca apretada de labio inferior saliente.

Empezamos por el ancho contorno de su rostro y su frente: persona expansiva, de energía vital, cierto egoísmo, honestidad y sentido de los negocios. Por otro lado, los ojos, esencialmente importantes, negro, pequeños y a la vez graves, denotan una inteligencia sólida y organizada, temperamento calculador, seguridad en si misma y actitud emprendedora

Ahí están sus diecisiete conventos, y detrás de ellos, una gestión de trabajo diplomático, muy poco común en una mujer de aquella época

En cuanto a su mentón redondeado, la hace propensa a la iniciativa y hacia el ingenio; pero curiosamente no se nos presenta una imagen espiritual, apocada o mística, como se ha generalizado en la iconografía de santos de mentones estrechos y alargados. Un ejemplo lo vemos en la obra del Greco, de mejillas chupadas; todo lo contrario de Teresa, redondas y carnosas, lo que la hace más real, más cercana y campechana.

De la boca de labio inferior saliente, nos encontramos una mujer llana y espontanea

Pasamos a la nariz, larga y fina, de línea curva, denota flexibilidad; lo que la hace paciente dentro de su inquietud.

Subimos la mirada hasta la frente, y apenas apreciamos las dos arrugas paralelas entre las cejas que dirigen su atención hacia el mundo exterior. Una mujer con capacidad para disciplinar las ideas y los sentimientos.

Un detalle de su fisionomía son sus grandes cejas, que hoy clasificaríamos de poco cuidadas. Por su forma llana, como decía Francisco de Ribera, vemos un carácter imperioso y tenaz, y si a eso le sumamos su espesura, podemos hablar de una persona de difícil trato y posiblemente de fácil enfado. Ese carácter testarudo que se asocia a las personas de cuello ancho, como nos describía Francisco de Ribera

Teresa, una mujer de energía vital y de carácter. Ella misma nos relata en el libro de su Vida, como luchó consigo misma, para decir a su padre que deseaba ser monja, pero su padre contestó que no lo consentiría mientras él viviera. Sin embargo, Teresa no le hizo caso y dejó su casa, para entrar en el convento de la Encarnación, en Ávila en 1533.

Y para terminar; esa tez de color blanca y encarnada, que rige el corazón, que se enfrenta a todo un elenco de rasgos, más duros que blandos; son los que perfilan a Teresa. Y esas arrugas que nos salen de la nariz a la boca; signo evidente de que ya hemos cruzado la barrera de cierta edad, se acentúan con el gesto de la risa, valorando la experiencia con espíritu crítico y concentración interior.

De momento, y con este breve recorrido hacia los rasgos más determinantes de su rostro, podemos hacernos una idea de su personalidad. Esa vieja como la ha denominado en tono amigable el propio Papa Francisco; recia castellana; lejos de los cánones de la misticidad, Teresa se nos presenta hoy como una   mujer hecha y derecha, libre, independiente y con una fuerte determinación.